viernes, 8 de octubre de 2010

Un segundo corazón

Atraviesa mi cuero cabelludo, con tu berbiquí mágico, alcanza mi cerebro, saca todo lo malo, el demonio que habita dentro, quiero convertir mi mente en un segundo corazón. Por válvulas mis neuronas. Latidos mis pensamientos. Quiero que corra la sangre llevando buenas noticias.
Transforma mi cerebro en un segundo corazón.
Transforma mi cerebro en un segundo corazón.
No lo necesito para el movimiento. Quiero que mis brazos sean automáticos. Sin más intermediarios que la pura emoción.
Transforma mi cerebro en un segundo corazón.
Transforma mi cerebro en un segundo corazón.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Qué arte

Tardaste más de media calle en enterarte, y la gente que estaba aquí delante se puso a gritarte: "Qué arte!" Pediste desesperadamente tu parte, y esperaste que se abriera la puerta importante. Qué arte...Yo también quise mirar al sol de frente. Y también quise escapar por la puerta de delante. Qué arte...

martes, 17 de agosto de 2010

El botín

Cada día hay un hombre nuevo y distinto dentro de ti, puede que si lo intentas con todas tus fuerzas él hoy no se anime a salir. Quién no se imagina de otra manera, puede que en otro lugar, y es siempre la misma maquinaria. Y si las cosas nunca se hacen solas, puede que eso sí te dé qué pensar quién está detrás de tus acciones, quién te saca a pasear. Toma buena nota, aprieta bien las manos, no pierdas la cuenta con que después de averiguar la sucia verdad aún puedes fingir que puedes fingir que puedes fingir que puedes fingir que puedes fingir que vas a cambiar. Huye con el botín. ¿Por qué? Tú ya sabes por qué.

viernes, 4 de junio de 2010

El sol

Ya ha vuelto el sol.
Siente su calor.
Abrázalo.
No tienes otro remedio.
Sí, era mejor
cuando lo esperábamos.

jueves, 29 de abril de 2010

El nórdico

Fue paradójico, no nos trajo frío el nórdico, el tiempo tendió a infinito otra vez (yo ya sé por qué). Es problemático, me he quedado sin aliento encerrado con mucho gusto en tu cuarto sin ascensor. Para despreciar a la distancia diga NO a las despedidas, diga NO! Sí que es bonita la vista nocturna de la ría, es bella porque la miras, ya ves, ya me huele bien. Para despreciar a la distancia diga NO a las despedidas, si no le falla la memoria diga NO a las despedidas, diga NO! Nuestro recurso lo debemos ejercer, otros tres días para evaporarnos a la vez.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Las Oposiciones

Suspenso en las oposiciones a nuestro régimen de dos, yo voy a caballo de lo que tú quieras, no sé quién será peor. No saques de nuevo esos temas, no me hagas preguntas tipo test. Yo siempre contesto lo mismo: me da igual el tribunal. Me he pasado el día estudiando la forma de hacerte ver que conmigo ya tienes los puntos, no hay cursos en este nivel. Yo siempre contesto lo mismo: me da igual el tribunal y el enchufismo.

sábado, 3 de octubre de 2009

Quien ha trabajado alguna vez en un empleo de cara al público reconocerá la sensación de cuando es sabedor de la impostura del orden y la limpieza del lugar: ha colocado aquí y allí los muebles y los enseres, y conoce las razones por las que tal mesa o cual mostrador ocupa uno u otro lugar. Al mismo tiempo, quien es cliente de esos locales solamente tiene la obligación de su disfrute, y jamás se le pasará por la cabeza el cuestionarse el porqué de la decoración o la disposición de los asientos.

Ocurre que, para el cliente, y de manera casi inconsciente, todo ocupa un determinado lugar porque debe hacerlo, y esta pasividad forma parte del encanto de su acto de clientelismo.

Algo parecido sucede en la sala de espera del médico de familia de tal o cual centro de salud, donde incluso el pequeño régimen de orden de unas pocas hileras de sillas de plástico se ve alterado constantemente por el caos producido por la clientela, un caos acrecentado sin duda por su carácter de no-lugar, ese sitio el que todos han de ir pero evitan frecuentar. Se produce un pequeño sentimiento de comunión entre los integrantes de una sala de espera, un minúsculo cubículo social cuyo estado de ánimo es la suma de todos los estados de ánimo de sus ocupantes y evoluciona como si realmente fuese uno solo. Cuando la enfermera tarda en hacer su aparición, la sala de espera se intranquiliza y alza la voz, mediante un murmullo casi inperceptible al principio, pero que acaba por ser reproche.

Sin embargo, no debemos olvidar que la sala de espera es a la vez el campo de acción y la zona de juegos de la enfermera, que, a primera hora, ha ordenado las sillas y conoce las reglas, sabe cómo hacerla callar, y puede ponerla patas arriba en un santiamén si le apetece.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Sucede que, por desgracia, el día precedente a la noche en que murió el padre, fue tremendamente agotador. Mis hermanos y yo salimos al bosque a por madera, en parte para abastecer de calor a la gente que presumíamos iba a ocupar la casa en los días siguientes; en parte para distraernos y dejar a las mujeres tratando al moribundo con sus prácticas habituales de higiene.

Resultó ser una misión más complicada de lo esperado, con defectos técnicos y de organización, que incluyeron discusiones más o menos acaloradas derivadas de la tensión con que toda la familia estaba viviendo los últimos días del viejo.

Después de comer, y tras saludar al padre como era menester, realizamos las demás tareas de la granja, con la torpeza típica de los urbanitas regresados al campo, casi sin hablarnos. Estas tareas nos llevaron hasta casi entrada la noche, cuando entramos sudorosos al salón. Las mujeres nos ofrecieron agua y, acto seguido, la cena, que no fue de elaboración destacable pero sí de dimensión.

Con esta sensación del trabajo realizado y el cansancio proporcional, nos fuimos acostando, lenta y ordenadamente, las pequeñas familias allí presentes.

En mitad de la noche, A. vino a despertarnos, con la cara brillante del lagrimeo y el camisón flotando inerte sobre su cuerpo. El padre, que había agonizado en vida durante años, yacía ahora sereno sobre la cama, el chaleco perfectamente abrochado, el pelo reposando sin nervio, la mirada cerrada. Yo, que, como ya he dicho, había sufrido durante el día un cansancio pocas veces experimentado, efectué mi entrada en el cuarto, tambaleante aún, y contemplé al muerto y al comité de defunción entre la neblina propia del recién levantado.

Podría deducirse que mi siguiente acción oscilaría entre el decaimiento, el lloro y el enfado, y, sin embargo cogí aire suficiente como para aguantar un buen rato bajo el agua y expulsé la más grande risotada de mi vida. Ni mis hermanos ni mi mujer habían presenciado algo así nunca en mí, algo que pude adivinar por sus miradas. Fueron los primeros los que, observando incrédulos el espectáculo, me cogieron por los brazos y me arrastraron hasta el salón para preguntarme, acto seguido, qué diantres podía pasárseme por la cabeza para justificar tal comportamiento, por otra parte tremendamente impropio de alguien de mi carácter.

Sobra decir que de ninguna manera era yo capaz de dar ninguna respuesta lógica. De hecho, no era capaz siquiera de articular palabra entre tantas risotadas, que por poco no acaban connmigo, pero que terminaron por remitir horas después, cuando ya el sacerdote había sido llamado, el funeral organizado, y mis hermanos y hermanas me habían dejado fuera de cualquier posible reparto de la herencia.

martes, 8 de septiembre de 2009

Caminamos entre las vías del tren hacia alguna estación indeterminada, no tenemos calendario ni folletos. Hace tiempo que olvidamos de quién huimos.

Nos hemos acostumbrado a este paso, de barra a barra y sin tocar el suelo, nuestras botas limpian el borde de los travesaños y cortan la maleza. Y también vamos de lado a lado, saltando alegremente y deslizándonos por los raíles metálicos. Ana va delante del grupo, siempre canturreando por lo bajo, siempre reconociendo la zona, la vista en el horizonte, la mano en el arma. Nosotros tenemos suficiente con saltar de travesaño en travesaño.

Nos encadenamos los unos a los otros y somos, en definitiva, como un tren sin ventanas, corremos como una bala por los túneles y los hacemos bufar: vamos en todas direcciones y en una al mismo tiempo, y llegar a algún lugar no es importante excepto para quien, asomándose al andén y con mirada ya anciana pero curiosa, nos espera apoyado en su bastón.
Sucede que, habiéndonos quedado solos mi madre y yo la mayoría del tiempo, hemos recuperado de un pasado inexistente una tradición: la distensión y charla durante la sobremesa. Se trata de entablar, con el ronroneo de fondo de nuestra televisión de la cocina, algún tipo de conversación de la que poder extraer pequeños fragmentos de conocimiento mutuo, colocar chinchetas en el mapa mental de la imagen del otro. Recuperar el tiempo perdido.

Pues bien, teniendo una de estas charlas distendidas, me comentaba mi madre que, estando de viaje en Roma, particularmente en la Plaza de San Pedro, pudo presenciar uno de los espectáculos más altos a los que puede aspirar el ser humano: la remisión y entrega a Dios del alma de una pecadora. Sucedió que, en el grupo de personas del viaje en el que mi querida madre participaba, figuraba una señora más bien adulta, de buen ver y mejor cartera, recientemente separada y sospechosa de haber pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión, sobre todo de obra. El caso es que, ante la grandeza del lugar, innegable por otra parte, las medidas de seguridad que mantuvieron al grupo de visitantes en vilo durante horas, y la aparición de la figura del Papa, oh, ese hombre entre los hombres de túnica púrpura, la pecadora en cuestión se vino abajo y se pasó toda la velada eucarística, acompañada únicamente por sus lágrimas, pidiendo perdón a Dios. Sigue la historia con la evolución posterior de la señora, no sólo en el regreso en autobús al hotel, ni siquiera de vuelta a España sobrevolando los anchos campos de Castilla en aquel vuelo de Iberia: el tema es que nuestra protagonista cambió de vida tras volver a casa de una manera drástica, entre otras cosas rehaciendo su matrimonio, volviendo al redil de los justos, ya bendita, ahora sí, por su Excelencia, tocada en el aire por la pluma de la paloma del Espíritu Santo, beata entre las beatas y digna de la ancianidad más pura que un burgués católico medio se pueda imaginar.

Yo, que me había pasado casi toda la anécdota interrumpiendo de manera soez a mi madre para hacer chistes bastante poco respetuosos acerca de la vestimenta del Papa y otras herejías, no había reparado hasta el final de la historia en el énfasis que ella ponía en la alegría que le había causado contemplar esta reconversión digna de un episodio evangélico, este milagro de la conciencia del siglo XXI. Jamás habría pensado felizmente en el destino del alma de ninguno de mis congéneres, y sin embargo mi madre, a la cual describiré para resumir como temerosa de Dios, encontró su regocijo en el regreso espiritual de aquella señora con la que, por otra parte, no compartía ningún tipo de actividad social, y me conmovió de tal manera que, sólo por unas centésimas, deseé con todas mis fuerzas atarme a algún tipo de creencia superior; me vi tumbado en la Piazza de San Pietro, con las piernas y brazos abiertos a la manera del Hombre de Vitrubio, al fondo la voz amplificada de Juan Pablo II retumbando en mi cabeza y en mi alma, mis pecados cayendo al unísono por ambas mejillas en forma de lágrimas, entregando mi corazón a lo más alto y sagrado, suspendido en el aire por las manos de Dios, sonriendo al pasado y al futuro, flotando sobre la ciudad.

miércoles, 29 de julio de 2009

Soy el perfil del comprador de todos los productos del mundo.

Soy el perfil del comprador de todos los productos del mundo.

Enseres de cocina que anuncian boxeadores retirados.
Novias por encargo venidas del oriente más cercano.
Artículos de lujo cotizados, para mí el mejor regalo.

Soy el perfil del comprador de todos los productos del mundo.

Mantas de viaje para trasnochadores despistados.
Resguardo del billete para entrar en el vagón de ejecutivos.
Paquetes financieros de muy alto interés y bajo riesgo.

Soy el perfil del comprador de todos los productos del mundo.

Todos esos libros que leímos los pedimos por correo.
Nuestros pensamientos se quedaron en el margen apuntados.
Caen sobre nosotros las pesadas alas del verano.
Ya no hay crédito y no sé como arreglarlo.

Soy el perfil del comprador de todos los productos del mundo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Cuando cruzábamos el bosque en plena noche, era difícil saber si resultaría peor una noche oscura y agitada, en la que nuestros pensamientos de culpabilidad y deshonra levitaban y los caballos bufaban y nos tapábamos la cara del viento húmedo y llegábamos empapados, o una de esas noches lúcidas y gélidas de luna llena en las que todo el universo parecía haberse detenido y la culpa flotaba sobre nuestras cabezas como una lastimosa y amenazante espada de Damocles. Los árboles, en su iluminada y extraña quietud, se organizaban en inconstantes caminos que desembocaban en otros nuevos trayectos rodeados por otros árboles iluminados y extraños, hasta que, pasado el amanecer, encontrábamos el camino de vuelta, respirando tranquilos y charlando de manera amistosa, como si nada hubiera pasado, celebrando estar, ahora sí, en casa.

jueves, 30 de abril de 2009

Este queso,
no es muy bueno
que digamos la verdad.
Soy sincero y ya me iba.

En el pecho yo llevo un dolor que sólo es comparable a una implosión espacial sorda.
En el pecho yo llevo un dolor que sólo es comparable a un escaparate de rebajas.
Llámame cuando sepas con qué estúpida excusa llamarme.

lunes, 16 de marzo de 2009

Hablemos de seguros, de cuánto cuesta al año, pongamos las noticias, lo justo para poder soportarlo. Y así podremos olvidarnos de lo que siempre nos callamos. Vayámonos de fiesta, paguemos esa entrada, compremos el periódico, nuestras mentiras llenan la portada. Y así podremos olvidarnos de lo que siempre nos callamos. (Coros)

viernes, 23 de enero de 2009

El fútbol es así.

Los niños copian a sus padres
y luego repiten sus fracasos.
Los constructores abren nuevas calles
que crecen y se convierten en barrios.

Los jóvenes descubrimos creencias
después habremos de actuar acorde.
Y cuando se presente algún problema
tenemos que saber solucionarlo.

Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.
Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.

El mundo hoy tiene su propio ritmo,
te hundes si no puedes alcanzarlo.
Para salir y conquistarlo todo
primero has de conocerte a ti mismo.

Un poco siempre es bueno, mucho es malo,
en la mesura reside el conocimiento.
Y cuanto más intentes recordarlo,
más lejos estará de lo ocurrido.

Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.
Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.

Las formas de pensar son relativas,
mientras no esté en escena el dinero.
Siempre queremos lo que no tenemos,
y lo ya que tenemos nos aburre.

Hay que pasarlo bien, en lo posible,
y luego hay que tomarse la vida en serio.
Debemos aprender de los errores
y continuar buscando ser felices.

Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.
Es evidente
Es evidente
No es tan difícil
ser inteligente.

jueves, 22 de enero de 2009

El viaje

Eh, te acuerdas de aquella vez en el café, te comenté lo de hacernos un viaje. Tú no dijiste una palabra, miraste a ninguna parte y el camarero se rió. Un poco después, tras olvidarlo nos levantamos y nos fuimos y lo volví a dejar caer. Como si ya fuera importante, como si esta vez quisiera que intentaras responder. Y tú, besándome, pasando el brazo por detrás de mi cintura, me dijiste que tal vez. Y luego cambiaste de tema, en una maniobra rápìda y no te pude convencer. Bien, lo que quizás nunca sabrás es que tenía los billetes encima del pupitre, sí, sí, los compré. Y mi intención era invitarte, y decirte que te quería y que lo dijeras tú también.
Este amor no iba a ser platónico, luego yo empecé a hacer el ridículo una y otra vez.
En ese viaje idealizado que tú y yo jamás hicimos todo nos salía mal. Nos perdían el equipaje y en la puerta del hotel nos intentaban atracar. Y con tu visión casi espectral como un chamán te adelantaste evitando mi desastre y ahora sé que lo importante son las palabras y las cosas que no se pueden hacer.
Este amor no iba a ser platónico, tuvimos que dejarlo por socrático y desaparecernos.
Este amor ya no iba a ser platónico, esta vez no quiero ser irónico.
Era broma, era broma, era broma, era broma...

sábado, 27 de diciembre de 2008

Qué hacemos aquí

Si las carreteras son iguales
los pueblos se adaptan a la carretera
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí.
Si las palabras son mentira
estuviste hablando todo el día
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos ahora.
Dame lo que llevas en el bolsillo
tendremos que mirar hacia otro lado
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí.
Nos faltan platos en la mesa
ayer estuve a punto de llamarle
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos ahora.
No llevo dinero para el taxi
esta noche no termina nunca
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí.
Llama otra vez, golpea el timbre
ya hemos abarcado suficiente
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos aquí
qué hacemos conmigo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Así es como es,
te tragas todo el humo
de una vez, y después
lo sueltas en el aire.
Se trata de que sea soportable.
Se trata de
Así es como va,
te inventas con tres notas
la tensión que se resolverá
y quedará flotando tu canción.
Se trata de llenar ese vacío,
se trata de que
todas las cosas que me gustan
no tienen principio ni final,
los puentes que no cobran peaje
no llevan a ningún lugar.
Y así seguiré,
oyendo tan lejano
el vendaval, y al salir,
me olvidaré las llaves.
Se trata de quemar todas las naves,
se trata de que
todas las cosas que me gustan
no tienen principio ni final,
los puentes que no cobran peaje
no llevan a ningún lugar.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El olor I

Nadie sabe cuándo comenzó. Una mañana, en la imprenta, después de reponer el último cartucho de tóner, percibió que por allí algo olía realmente mal. Se agachó a realizar ese gesto evolutivamente moderno de mirarse la suela de los zapatos y no encontró nada. Tampoco en su ropa. Como estaba solo y tenía algo de tiempo libre, se dedicó a buscar alguna evidencia material de tal fetidez por el taller, pero no parecía que allí ningún animal hubiera entrado a hacer de las suyas.

Así que decidió limpiarlo todo, solamente por confirmar que, fuese lo que fuese aquel olor, desaparecería. Pero, como esperabas, querido lector, no fue así. Cual fue su sorpresa al comprobar que una vez cambiada la ropa de trabajo y abandonado el taller, el olor seguía ahí. Era realmente aterradora la visión de un hombre de pequeña estatura, desvergonzadamente entrado en años y carnes, desnudo frente al espejo del servicio, buscando la prueba que pudiese resolver un misterio que ya comenzaba a extenderse demasiado en el tiempo. Por suerte, no quedaba nadie más y pudo irse a casa, esperando llevarse el misterio con él, y así fue.

No sólo el coche, sino también la recepción de su edificio y su ascensor, y su propia casa, rezumaban ese olor casi nauseabundo que parecía provenir del suelo, del techo, de las paredes y las mesas. Abrió la puerta de la habitación, decidido a contarle a su mujer lo que había pasado. También le invadía la expectación por comprobar si definitivamente aquella nueva condena pituitaria le concernía sólo a él. Quizá toda la ciudad oliese a mierda...quizá un escape de algún tipo de agente químico...

Desgraciadamente para él y para nosotros sólo encontró en la habitación una nota de despedida. Ella había hecho las maletas y le había dejado unas horas antes.
Si no tuvo usted infancia, oposite para registrador. Jamás se siente sobre sus propias manos. Observe los ciclos de la luna y cómo influyen en las cosechas. Aléjese de los individuos sospechosos. Coloque sobre su mesa las fotos de sus seres queridos y no se levante hasta haber terminado su trabajo. No extravíe las cosas que le importan. Expándase y contráigase con la extensión del día, de modo que en invierno pueda presumir de su ejemplar hibernación.
Cogí un año al azar y caí en tu retrato,
.......San Francisco,
tal vez si levantases la cabeza,
si bajo tu mirada se alzase, entre la niebla
esa ciudad mayúscula que lleva tu nombre,
si elevaras tu voz, de nuevo, al infinito
y el ruido de coches no permitiese oírte,
tal vez, en ese caso, estaría contento.

Aun habiendo catado, querido santo mío,
silencios, y es verdad, de todo tipo,
desconozco aun ahora todas su plusvalías,
se me ha llenado el mundo de todos los ruidos,
en las manos no llevo más que odio.

Tú, que honraste al silencio,
tú,
que hiciste de tu huida del campo de batalla
un bello reencuentro con la paz y con dios,
enséñame a librar la retirada a tiempo,
graba con mis estigmas tu marca registrada,
déjame abandonar de poco a poco el mundo,
ponme en el buen camino hacia el monte más alto,
y donde se divise la ciudad,
saca de mí tu grito de repulsa.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Tengo una metáfora y es mía,
la llevo colgada a la cintura,
es como un pequeño abecedario,
es como un libro en miniatura.
Tengo una metáfora, ya sale,
la tengo en la punta de la lengua
entraste en mi vida
como un pez en una depuradora.

Y sólo puede no ser
lo que no puede ser
entre líneas tendré que leer.

Todas las palabras son mentira,
escribió Foster Wallace en su tumba,
debería poder pagar la multa
por refugiarme en la literatura.
Tengo una metáfora y es mía
me atormenta desde hace varios días
estaba a punto de decirla
cuando tú corriste la cortina.

Y sólo puede no ser
lo que no puede ser,
y mañana también
acabará por ser un ayer.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Bajarás esa bolsa de basura
mirarás hacia atrás sin rechistar
pagarás esta ronda de licores
cerrarás las ventanas y las puertas.
Nunca más vas a salir de casa.

Si tu cuerpo es un lugar de paso,
por qué vas y te metes en mi cama.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

No consigo recordar qué es un hada

No consigo recordar qué es un hada, tan abstraído me encontraba de lo que está pasando. Mi madre atranca las puertas y ventanas mientras, únicamente con sus gritos, nos empuja hacia las habitaciones, y nos dice que no tengamos miedo. Yo, que nunca he tenido miedo de nada, y menos de los cuentos, de los seres mágicos de los bosques y los príncipes azules y los cerditos, observo la palidez de la cara de mi madre y obedezco sin rechistar.

El objeto comprado VII

En aquella época, la gente se disfrazaba y lo revestía todo con su lógica absurda. Me despertaba empapada en sudor y sólo podía pensar en volver a la cama. Normalmente no decía una palabra hasta bien avanzada la mañana, hasta que alguna obligación me sacaba alguna palabra. Me sentía enormemente superada por cualquier situación, arriba, abajo y a los lados, gente y órdenes. Me detenía delante de los escaparates de las tiendas ya cerradas y veía mi reflejo, a veces mi reflejo era más grande que yo, a veces más pequeño, y observaba detenidamente mi reflejo justo delante de los zapatos, y veía difuminarse mi ser en el aire denso de la ciudad, y deseaba morir.